jueves, 9 de diciembre de 2010

La salud laboral


Enrique Galván-Duque Tamborrel
octubre / 2005


La Salud Laboral del siglo XXI aborda todos los riesgos laborales y también los psicosociales, como algo inherente a la persona que trabaja, para su sustento y el de los suyos, con mucho sacrificio personal, primando los valores humanos que permitan la conservación del individuo. Si no es así, está condenada a desaparecer la propia estructura productiva, el tejido empresarial y, en definitiva, el derecho a la Vida, en esta particular generación del bienestar que disfrutamos actualmente.
Después del Derecho a la Vida, en mi opinión, le sigue el Derecho al Trabajo de toda Persona Humana, independientemente de su condición.

Se ha dicho recientemente por parte de la Agencia Europea de Seguridad y Salud, que la mitad de las bajas laborales están causadas por estrés laboral, lo cual habla de la importancia que están teniendo los riesgos psicosociales en el trabajo. En mi opinión, no deben contar solamente los aspectos psicosomáticos, sino que existen problemas éticos que se suscitan a medida que avanza el tiempo y que requieren un debate bioético. Será difícil cambiar las estructuras empresariales y los sistemas de producción, que difícilmente lo vamos hacer, pero hay que dotar al "homo laborum" del siglo XXI de mecanismos con qué afrontar su futuro personal.

Por ejemplo, ¿es lícito determinar un no-apto laboral, excluyendo a un seropositivo que no ha desarrollado la enfermedad? ¿y con un tuberculoso?, ¿y con un trabajador con problemas psicosomáticos derivados de una situación conflictiva en su trabajo, como un sentirse atropellado, un sentirse quemado, un sentirse angustiado, ó una toxicomanía, por poner varios ejemplos?

La bioética del siglo XXI tiene que dar respuestas humanas a temas como la ética en el trabajo, la prevención de riesgos laborales y, en concreto, la Salud Laboral.

Los sistemas jurídicos de los países desarrollados de nuestro entorno propician la protección de los derechos inalienables de la persona humana, el primero, sin duda, el de la Vida de todo Ser Humano en toda circunstancia. Y, en segundo lugar, en mi opinión, el del Derecho al Trabajo.

La Declaración Universal de los Derechos Humanos (1948) garantiza el derecho al respeto a la vida y al trabajo, y en nuestra Constitución queda garantizado asimismo el derecho al trabajo, y el de la Salud, así como que los minusválidos sean físicos, psíquicos y/o sensoriales sean postulados por los Entes Públicos que los defiendan. Existe una importante legislación protectora de los minusválidos a nivel mundial, propugnando su incorporación al trabajo.


La mejor ayuda que me puedes dar

Enrique Galván-Duque Tamborrel
octubre / 2005

A veces sentimos que lo que hacemos es una gota en el mar,
pero el mar seria menos si le faltara esa gota.

Madre Teresa de Calcuta.

En Persia se cuenta la historia del gran Manú, Shah Babas, en cuyos dominios no se ponía el sol, que reinó con todo esplendor, tenía fama de justo y le encantaba mezclarse con el pueblo, pasando desapercibido para compartir y dar solución a sus problemas.

En cierta ocasión, se vistió de pobre y al pasar por la cocina observó en un rincón una angosta puerta para él hasta entonces desconocida. Descendió el largo, lóbrego y húmedo trecho de escaleras que conducía a un sótano, de reducidas dimensiones y calor asfixiante, en el que un carbonero sentado en un montón de cenizas, atendía la caldera de palacio. El Manú se sentó a su lado y comenzó a hablar. Llegó la hora de comer y el fogonero sacó un sucio pan moreno y áspero y una jarra de agua. Se sentaron a comer y beber. El Shah se fue, pero continuó visitándolo con frecuencia, movido por la compasión que sentía por aquel hombre solitario.

Amablemente le dio consejo y el pobre le abrió todo su corazón y amó a aquel amigo tan bondadoso y sabio pero tan pobre como él. Finalmente, el Manú pensó: " Este hombre que vive permanentemente recluido en el sótano, cumpliendo de forma abnegada con su trabajo, con total aceptación de su destino y sin que una sola queja salga de sus labios, merece una gran recompensa. Le diré quién soy a ver qué presente me pide."

Le dijo pues:

· Crees que soy pobre, pero soy tu Manú, el Shah Babas, pídeme lo que quieras.

El gobernante esperaba que le pidiera algo grande, pero el hombre se quedó sentado, inmóvil, petrificado, mirándolo con amor y asombro.

Entonces el Manú le dijo posando una mano sobre su hombro:

· ¿No entiendes? Te puedo hacer rico y noble, puedo poner una ciudad en tus manos, te puedo hacer un gran gobernador: ¿No tienes nada que pedir?

El hombre respondió amablemente:

· Sí, mi señor, he entendido. Más no entiendo cómo tu que gobiernas más de 3.000 por 10.000 mundos y varios soles, mandas sobre billones y trillones de seres y eres el encargado de crear un nuevo mundo para afrontar mejores tiempos, puedes haber salido de tu palacio y tu gloria para sentarte conmigo en este lóbrego cuchitril, comer mi tosca comida y preocuparte por si estoy feliz o apenado. Ni tú mismo me puedes dar nada más valioso. A otros les puedes otorgar ricos presentes, pero a mí me has dado a ti mismo; lo único que te puedo pedir es que nunca me quites este regalo de tu amistad y de tu amor".

La emoción que embargaba su espíritu enmudeció sus palabras y desde el fondo del corazón brotó un "gracias" e inclinándose en señal de respeto depositó a sus pies dos brillantes lagrimas.




La legislación universal sobre Bioética de la UNESCO


Enrique Galván-Duque Tamborrel

octubre / 2005



Aunque la Conferencia General de la UNESCO está estudiando un proyecto de Declaración con normas universales sobre la Bioética que se basa en el respeto de la dignidad y los derechos fundamentales del ser humano, parece que será insuficiente, ya que el texto va a eludir los puntos más conflictivos como son la eutanasia, la clonación y la dignidad del embrión humano.

La Conferencia General de la UNESCO empezó a estudiar el 9 de octubre de 2005 en comisión un proyecto de Declaración con normas universales sobre la Bioética que enuncia una serie de principios generales de fácil consenso y elude los puntos más conflictivos en esa área, como la eutanasia, la clonación o la defensa de la vida desde el momento de la concepción.

La anterior Conferencia, hace dos años, propuso la adopción de una Declaración sobre la Bioética, cuya elaboración comenzó en enero de 2004 y ha dado lugar a numerosas reuniones, opiniones de expertos y varios borradores. El que recién llegó a la comisión como paso previo a su aprobación por el plenario dentro de unos días es un texto del que están ausentes menciones explícitas a algunos puntos que causan fuertes discrepancias en la comunidad internacional y que son fundamentales para una defensa de la vida desde su primer estadio (el embrión) hasta la muerte natural.

El director general de la UNESCO, el japonés Koichiro Matsuura, ha justificado esa ausencia de temas controvertidos con el argumento de que era preferible que el texto gozara del respaldo de los 191 integrantes de esta agencia de las Naciones Unidas especializada en la educación, la ciencia y la cultura.

La declaración es un llamamiento a los Estados miembros a que actúen de modo que cualquier actuación o política en favor de la medicina o la investigación respete la dignidad y los derechos fundamentales del ser humano y parte de la premisa de que la rápida evolución de la ciencia y la tecnología afecta cada vez más a la vida y a la ética y que ello requiere una toma de posición.

La Declaración ha de ser compatible con las legislaciones nacionales, lo que ya de por sí limita su alcance, dada la diversidad de puntos de vista que existe en la comunidad internacional acerca de la bioética.

Reconoce que gracias a la libertad de ciencia y de investigación puede haber grandes beneficios para la especie humana, con una mejora de la calidad y de la esperanza de vida, pero apunta que la salud no sólo depende de la medicina, sino también de factores sociales y culturales. Por eso pide a la comunidad científica que incorpore una reflexión ética a su actividad y que presten especial atención a la situación de la mujer.

Entre los principios que enuncia, el documento señala que "los intereses y el bienestar de la persona deben tener prioridad respecto al interés exclusivo de la ciencia o la sociedad" y hace hincapié en que "se respetará la autonomía de la persona a la hora de tomar decisiones". De este modo "toda intervención médica preventiva, diagnóstica y terapéutica sólo podrá llevarse a cabo previo consentimiento libre e informado de la persona interesada, basado en la información adecuada".

A la persona se le reconoce la facultad de consentimiento a una operación o intervención de la que sea protagonista, así como también la de revocación del permiso. Esta cláusula de salvaguardia ha de ir acompañada del respeto a "la privacidad de las personas interesadas y la confidencialidad de la información que les atañe", según el borrador.

También llama la atención a los Estados para que adopten las medidas adecuadas para "luchar contra el bio-terrorismo y contra el tráfico ilegal de órganos, tejidos, muestras, los recursos genéticos y los materiales relacionados con la genética".


Hambre y felicidad


Enrique Galván-Duque Tamborrel

octubre / 2005

Sería muy interesante examinar a la luz de la psicología moderna algunas expresiones de los salmos de la Biblia. Por ejemplo, éstas:

¡Oh Dios, mi alma está sedienta de ti! Mi carne tiene ansia de ti, como tierra reseca, árida, sin agua...

Como brama el ciervo sediento por la fuente de agua, así, Dios mío, clama por ti el alma mía. Porque mi alma está sedienta del Dios fuerte y vivo. ¿Cuándo llegará el día en que me presente ante la cara del Dios vivo?...

Mi alma suspira y sufre ansiando estar en los atrios del Señor...

Y podríamos citar muchos más.

Esto, para preguntarnos: ¿Es posible tener hambre y sed y sentirse feliz? Porque estos mismos salmistas que así se sienten llenos de hambre y de sed, exclaman felices, como uno de ellos:

Se inundan de gozo mi alma y mi cuerpo contemplando al Dios vivo. Porque vale más un día sólo en los atrios de tu templo que mil días fuera de tu casa, mi Dios...

¿Es posible esto? Sí; porque al mismo tiempo que se tiene hambre y sed, se tiene qué comer y qué beber. La tragedia sería tener hambre y sed, y no tener nada que llevarse al paladar. Y al revés, tener delante un banquete espléndido y sentirse inapetente total, sin ganas de nada.

A un multimillonario le hicieron esta pregunta: "Usted es feliz del todo, ¿no es así? Porque lo tiene todo". La respuesta no puso ser más triste: "Están ustedes equivocados. Me falta una cosa que me tiene fastidiado: ¡no tengo HAMBRE!"

Y otro caso paralelo. El gran industrial alemán, fundador de la fábrica de cañones que hicieron retemblar a Europa en dos guerras mundiales, vivió sus últimos años con una dolencia estomacal incurable. Al ver merendar a un obrero, que comía feliz a dos carrillos, dijo con no disimulada envidia: Daría medio millón para comer un bocadillo con apetito semejante.

Esto es una realidad muy cierta. El hambriento es mucho más feliz con un trozo de pan y un plato de arroz seco devorado con avidez, aunque dentro de un rato vuelva a tener el hambre de siempre, que el sentado ante la mesa espléndida de un banquete de gala, pero con falta total de apetito.

Por eso, nos preguntamos: ¿Estamos satisfechos de la vida?...

Algunos, sí; la mayoría, no. Porque nos faltan muchas cosas, y quisiéramos tenerlo todo. Sólo cuando tuviéramos ese todo soñado, sólo entonces así lo pensamos seríamos felices de verdad. Pero, al pensar así, también nos engañamos todos, los que lo tienen todo y los que piensan tenerlo algún día. Porque esa hambre de felicidad es precisamente una señal inequívoca de que aquí no seremos nunca felices del todo.

Dios ha metido esa hambre en nuestro ser para hacernos entender que tenemos un destino eterno, y que sólo un ser eterno e infinito podrá dejarnos enteramente satisfechos. Es la bienaventuranza que proclama Jesús: ¡Dichosos los pobres, dichosos los que tenéis hambre, porque un día quedaréis hartos y serán colmados todos vuestros deseos!

Aquel pastor protestante se convirtió al catolicismo y armó una tremenda revolución entre los suyos. Al enterarse su padre, le mandó una respuesta terrible: con una carta le maldecía y le desheredaba de todo bien familiar. Preguntado si en esta situación era feliz o no, respondió: "¡Oh, si pudiese dar a mi padre una parte de mi dicha y de mi paz!"

Ninguna cosa y ningún bien terreno le importaban ya nada, ahora que se sentía lleno de Dios. Esta ansia de Dios la sentimos todos en particular y la siente el mundo entero. Ninguna cosa de aquí nos llena plenamente por más que se disfrute. El apóstol San Pablo nos describe cómo estamos con todas las criaturas suspirando de lo íntimo del corazón, anhelando la liberación de nuestro cuerpo, para vernos metidos definitivamente el Dios...

No sabemos si la psicología se explica el misterio. Pero lo vivimos todos muy bien: tenemos hambre y sed de Dios, y estamos felices, aunque poseamos a Dios sólo en las sombras de la fe. El creyente es una persona feliz de verdad. Se siente metido en Dios y pendiente de su providencia amorosa. Se pone a orar, y está convencido de que habla con Dios, al que trata con intimidad. Y cuanto más trata con Dios, más ansias siente de Dios.

Además, está seguro de que este mismo trato que ahora tiene con Dios, por intenso y dichoso que sea, es sólo un anticipo de lo que le espera después. El convencimiento de la vida eterna que ya se acerca es el colmo de todas sus ilusiones y de sus esperanzas, que no van a quedar fallidas.

Poseer el mundo entero, sin tener a Dios, es la mayor desgracia y la pobreza suma. Tener a Dios, aunque nos falte todo, es la mayor suerte y la riqueza colmada. Es lo que nos dijo, con versos mil veces repetidos, nuestra incomparable Teresa de Jesús: Quien a Dios tiene nada le falta, sólo Dios basta...

El costo de un hijo


Enrique Galván-Duque Tamborrel

octubre / 2005

Quienes ya los tienen saben de qué se habla, quienes no los tienen, de lo que se han perdido!, ¿no creen? Recientemente, un artículo decía que el costo de crianza de un niño desde su nacimiento hasta la edad de 18 años, era de $160,140.00 dólares para una familia de clase media.

Para aquellos que tenemos hijos, estos números nos llevan a fantasear sobre todo el dinero que podríamos tener amontonado si no fuera por ellos.
Para otros, ese número podría confirmar su decisión de seguir sin hijos.

Pero $160,140.00, no son algo tan grande si lo desglosamos de la siguiente manera: se convierten en $8,896.66 por año, $741.38 por mes, o $171.08 por semana. Tan solo $24.44 por día. Un poco más de un dólar por hora.

Aun así, se pudiera pensar que el mejor consejo financiero podría ser: "no tenga niños si quiere ser rico", pero resulta que es justo todo lo contrario.

¿Qué obtienes por tus $160,140.00?

  • Derecho para poner nombres: Primer nombre, segundo nombre y apellidos.

  • Señales de Dios todos los días.

  • Risitas bajo las sábanas todas las noches.

  • Más amor que el que tu corazón puede soportar.

  • Besos de mariposa y abrazos de oso.

  • La maravilla interminable sobre las piedras, hormigas, nubes y galletas calientes

  • Una mano para sostener, normalmente cubierta con mermelada.

  • Un compañero para hacer burbujas, papalotes, construir castillos en la arena, e ir saltando por la acera mientras llueve a cántaros.

  • Alguien para reírse tontamente de uno mismo, sin importar lo que diga el jefe o como se hayan comportado las acciones durante el día.

  • Ver prenderse la luz cuando ellos finalmente "entienden" la multiplicación, cómo equilibrarse en la bicicleta, y que Santa "no es el verdadero significado de la Navidad".

Por $160,140.00 tú nunca tienes que crecer.

  • Tienes permiso para pintar con los dedos, esculpir calabazas, jugar al escondite, capturar insectos luminosos y nunca dejar de creer en
    milagros.

  • Tienes una excusa para seguir leyendo los cuentos de Peter Pan, ver dibujos animados en la mañana del sábado, ir a ver películas de Disney y
    pedirle deseos a las estrellas.

  • Puedes pegar arco iris, corazones, y flores debajo de los imanes del refrigerador y coleccionar flores de tallarines pintados para Navidad.

  • Impresiones de las manos en arcilla para el Día de las Madres y tarjetas con letras en la parte de atrás para el Día del Padre o de la Madre.

Por $160,140.00, no hay mejor inversión para tu dinero.

Puedes ser un héroe sólo por recuperar un Frisbee del techo del garaje, por quitar las ruedas de entrenamiento de la bicicleta, por sacar una astilla, llenar la piscina inflable, escupir una goma de mascar muy lejos, y por
adiestrar un equipo de béisbol que nunca gana pero siempre logra como premio un helado.

· Consigues un asiento de VIP en la historia para ser testigo del primer paso, la primera palabra, el primer diente, la primera cita, la primera
oración y la primera vez en la feria.

· Consigues ser inmortal. Logras agregar otra rama a tu árbol genealógico.

· Obtienes una educación, algunas veces con honores, en: psicología, nutrición, justicia criminal, comunicaciones, y sexualidad humana, que ninguna universidad del mundo puede igualar.

· Ante los ojos de un niño, estás en el mismo escalafón con Dios, tienes todo el poder para: sanar un llanto, espantar los monstruos que están debajo de la cama, remendar un corazón roto, vigilar una fiesta, ponerlos siempre sobre la tierra y amarlos sin límites, de forma tal que un día ellos amen, como tú, sin tomar en cuenta el costo.

A disfrutar los niños!!!

El boxeador que nunca sube al ring

Enrique Galván-Duque Tamborrel

octubre / 2005

Cuando uno dice que es muy difícil o casi imposible saber lo que es verdad o mentira, o lo que es bueno o malo, porque asegura que todo es relativo, adopta una cómoda postura en la que apenas necesita argumentar nada. Elude cualquier debate o discusión seria, porque niega su presupuesto. Por eso decía Wittgenstein que es como un boxeador que nunca sube al ring.

En vez de subir al ring, lo que suele hacer en la práctica es meter de tapadillo, en un descuido retórico, su propia verdad y su propio concepto de bien. Porque también él guarda muchas certezas, aunque quizá no las advierta por estar demasiado ocupado en acusar a los demás de dogmatismo. Lo que el relativista suele mirar con sospecha no son las certezas, sino más bien las certezas de los demás.

¿Se dejarían operar por un cirujano si no estuviera seguro de su competencia? ¿Se subirían a un avión de una compañía aérea que manifestara incertidumbres sobre la seguridad del vuelo? Todo hombre, por naturaleza, busca siempre certezas.

Según Christopher Derrick, la apoteosis del relativismo puede deberse a esa impresión –vaga, pero persuasiva de que expresar duda es un signo de modestia y de democracia, mientras que hablar de certidumbres se considera algo dogmático y casi dictatorial.

Sin embargo, el relativismo no puede llevarse hasta sus últimas consecuencias. Por eso Ortega decía que el relativismo es una teoría suicida, pues cuando se aplica a sí misma, se mata. La mayoría de las veces, el relativismo es una especie de pose académica, una cómoda evasión de la realidad.

Ciertamente que Lucas… no era loco


Enrique Galván-Duque Tamborrel

octubre / 2005

La Iglesia celebra a san Lucas poniendo en la liturgia el pasaje de los setenta y dos discípulos que salen a predicar la palabra de Dios. Lucas nos narra aquí la alegre partida del primer grupo de predicadores de la historia cristiana. Más adelante nos narrará, en los Hechos, los frutos imparables de esta primera predicación.

¿Sabía san Lucas que el Evangelio llegaría con la velocidad de un reguero de pólvora a todo el mundo conocido? ¿Sabía que esa locura en la que él había creído conquistaría miles de millones de vidas?

Sabemos, ciertamente que Lucas creyó, y creyó con tal fuerza que nos quiso escribir los avances incontenibles de la fe por la que había apostado en la vida y por la que había dado todo lo que tenía. Desde el cielo, Lucas nos mira continuamente y ---estoy seguro--- arde en deseos de gritarnos que creamos, que confiemos, que estemos seguros de que todo esfuerzo por transmitir la fe tiene a Dios por garantía infalible y que, por lo tanto, dará su fruto. Pero sin perder de vista que nuestra primera misión somos nosotros mismos.

Cristo, lo fundamental que hizo fue obedecer al Padre respecto a la voluntad que Éste tenía para Él, y así consiguió para nosotros la salvación. Pues nosotros, como empresa apostólica primera tenemos la salvación de nuestra alma, y el cumplimiento de la Voluntad de Dios sobre nosotros. No suceda, como dice san Pablo, que habiendo predicado a otros, yo vaya a ser reprobado.