Enrique Galván-Duque Tamborrel
julio / 2005
En el número 4270 de la calle City Terrace aún se encuentra la casita amarilla con un garaje y una escalera al frente. Ahí vivió durante muchos años una familia humilde, de origen mexicano, encabezada por una madre que creía en la justicia social, que por las noches leía a sus hijos y que lavó con amor la ropa del mayor de ellos hasta que llegó a la universidad. Este chico se convirtió en hombre, y este hombre es a partir del día 1 de julio el alcalde de Los Ángeles.
El barrio de Antonio Villaraigosa, ubicado en la zona este de Los Ángeles, hoy es una mezcla de casas remodeladas y fachadas antiguas, amarillentas y descascaradas. Pequeños negocios de mecánica, lavados de autos y tiendas de abarrotes han aparecido a lo largo de la avenida por donde pasa el autobús, el mismo que Villaraigosa y su madre abordaron durante muchos años para ir, a la escuela él, al trabajo ella.
La casa", segùn relata un amigo de la adolescencia de Villaraigosa. "Era pequeña, con una cocinita, una estancia, una casa de familia pobre. Pero siempre había gente. Su mamá lo instaba para que llevara a su casa a sus amigos, así ella veía con quién andaba".
La vida no siempre fue pacífica en la casa de los Villar. "Crecimos en un ambiente violento", recuerdó Mary Lou, hermana de Villaraigosa. "Éramos muy chicos y fue horrible ver la violencia contra mi madre cuando mi padre bebía". Mary Lou es un año menor que Antonio y siempre fue muy cercana a él. "Esa situación hizo que nos acercáramos más. Mi otra hermana, Debbie, era muy pequeña, pero nosotros entendíamos el miedo del otro".
Pero también hubo momentos de alegría. "Uno de los recuerdos que guardo con más cariño es nuestra primera comunión", recordó Mary Lou. "La hicimos juntos, teníamos 8 y 9 años. Antonio y yo teníamos un lazo especial con la religión, y como éramos cercanos, para mí fue un momento muy emocionante que la hiciéramos juntos. Y hubo una gran fiesta", comenta.
Energía y optimismo
Sus amigos de la época coinciden en dos características del Antonio de la juventud que persisten hasta hoy: su facilidad de palabra y su excesiva energía.
Arturo Chávez, amigo de Villaraigosa desde hace más de 30 años, recuerdó un viaje rumbo a una conferencia estudiantil en Ohio. "Íbamos en dos autos en un trayecto de 42 horas. Durante ese tiempo Antonio no durmió, pero además no le paraba la boca. Así que cuando uno de los conductores se empezaba a dormir, Antonio se pasaba a su auto, para mantenerlo despierto con su charla".
A esa energía se sumaba un consistente optimismo. El Villaraigosa de los años 70 estaba convencido que habría espacios para los jóvenes de las llamadas "minorías" en todos los ámbitos, incluido el de la educación. "Antonio entró a UCLA por la ley de la Acción Afirmativa, cuando muchos cuestionaban estas medidas", recordó un amigo. "Pero él fue muy claro en su objetivo; cuando se graduó, dijo: 'Entré por la puerta de atrás, pero sabía que iba a salir por la puerta del frente'. Y así lo hizo".
Quienes fueron vecinos de Villaraigosa, reconocen la capacidad que tuvo el futuro alcalde para evitar involucrarse con las pandillas. "Antonio vivió en un barrio de maleantes, y en algunas ocasiones tuvo que pelear para defenderse, no había otra. Sabía entrarle a los golpes, pero nunca se involucró con esos grupos".
Su hermano Antonio, por su parte, fue el abogado defensor de Villaraigosa durante un juicio por supuestamente haber agredido a una persona en un restaurante. "Fue el clásico incidente entre un latino y un anglo, llega la policía, recoge gente y arresta al mexicano", recordó un vecino. "El tipo había atacado a doña Natalia, Antonio la defendió y el jurado votó 11 a 1 que él era inocente. Pero el día del juicio fue espectacular, estaban él y su familia, los testigos y la corte llena de gente que lo apoyaba. El juez quedó impresionado".
La capacidad de impresionar también se veía reflejada en su vida social. Habiendo sido un chico más bien tímido durante niño, durante su adolescencia el joven Villaraigosa se volvió extrovertido, protector de sus hermanas y exitoso con las mujeres.
"Antonio tenía carisma, siempre fue un líder", recordó una compañera de Villaraigosa en la preparatoria. "Tenía un carro muy bueno, un Chevy Malibú. Y se vestía muy bien; él y Gil Cedillo eran los Clark Gable Chicanos", comenta.
En el último año de la preparatoria, Villaraigosa usaba el pelo largo, vestía pantalones acampanados, boleaba concienzudamente sus zapatos y lavaba su auto dos veces por semana, todo ello gracias a su empleo en un lugar llamado "La Quebradita", en la esquina de Whittier y Lorena, en donde barría, hacía el inventario y ayudaba a los clientes con las bolsas. Y seguía soñando con la justicia social.
En el nombre del barrio
Para la comunidad de origen hispano, la llegada a la alcaldía de Villaraigosa, "de nuestro Antonio", como le dicen algunos, es un símbolo de la fuerza del "barrio" en Los Ángeles, pero también el resultado de un esfuerzo de años y de mucha gente.
"Antonio es producto de su ahínco y vigor, pero también de la lucha de un pueblo", según opinión de un vecino. "Creo que él entiende que él no hubiera ido a la universidad si no hubiera sido por gente que dio su vida y luchó por los derechos civiles. Él es el abanderado de un pueblo, llegó arriba, pero parado sobre los hombros de toda una comunidad".
"Yo creo que Antonio, más que ser sólo alguien del barrio, representa a todas las demás comunidades", considera por su parte su hermana Mary Lou. "Ciertamente es un modelo, pero no sólo para los latinos, sino para toda la gente que ha crecido en condiciones de pobreza".
Varios vecinos coinciden: "La gente que lo conoce está orgullosa de él porque representa todo lo que se encuentra en el barrio. Pero también representa la esperanza. Cuando una mamá soltera lo escucha contando la historia de su propia madre, se da cuenta de que sus hijos también pueden ser un Antonio", señala.
"Más que ser un representante del barrio, Antonio es un representante de la justicia", afirman los que bien lo conocen. "Las experiencias que ha vivido lo llevaron a ser lo que es ahora. Es un ejemplo de lo que puede hacer la gente pobre con inteligencia y determinación. Y ser alcalde era su deber histórico".
Ejemplo de vida
Cuando en los primeros años de vida de los hermanos Villar su padre abandonó a la familia, la madre, Natalia Delgado, se convirtió en el pilar del hogar. "Mi madre era una mujer que creía en la igualdad en la casa y que no estaba contenta con la violencia en el mundo. Fue muy importante para nosotros", asegura la hermana del futuro alcalde. Y en eso coinciden todos los que la conocieron de cerca: Natalia Delgado fue una inspiración no sólo para sus hijos, sino para todos los que la rodeaban.
"Es evidente que la influencia del estudio le viene de su madre", afirman los que la conocen. "La señora le leía a sus hijos los clásicos, Dickens, Shakespeare, Edgar Allan Poe".
"Era una mujer que trabajaba duro, que estaba involucrada con la comunidad, y en vida de sus hijos, y hoy se ve el beneficio de que lo haya hecho", comentan los amigos, compañeros de preparatoria de Villaraigosa. "Siempre trabajó por los derechos de los inmigrantes, y eso le transmitió a sus hijos".
Quienes vivieron cerca de él durante su juventud pueden dar fe de esa herencia en Antonio. "Yo lo conocí en décimo grado y ya era un activista. Participábamos en actividades por el acceso a la educación, y ahí nos conocimos", recordó un excompañero. "En undécimo grado él ayudó a formar una unión de estudiantes negros, aunque él fuera latino, por lo que la gente se burlaba de él. Pero él estaba firme en su convicción de justicia".
Para su hermana Mary Lou, no hay duda del origen de la vocación de Antonio. "Yo estoy muy orgullosa de él; él ha logrado tanto, y creo que parte de ello es debido a mi mamá, porque ella creyó en todos nosotros".
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